14/1/13

Pesadilla II. El ángel. Final


La empleada retrocede horrorizada al ver el espantoso rostro del sujeto. Sus aterrorizados ojos no pueden dejar de contemplar la calavera de color blanco-verdoso putrefacto que es el rostro del motorista. Los verdes ojos de la mujer se pierden en la negrura total de las cuencas de la calavera del enorme sujeto que la mira con una sonrisa enfermiza en su boca cadavérica, llena de dientes.

Ella va retrocediendo paso a paso mientras el cadaver andante avanza al mismo ritmo en pos de ella, como si de una coreografía de baile enfermiza se tratase. Ella no puede decir nada, se queda sin palabras, el miedo a atenazado su garganta; solo puede moverse en una dirección hasta que tropieza indefectiblemente y cae el suelo, sin dejar de observar su faz. Aun en el suelo la chica gatea hacia atrás sin dejar de mirar la espantosa cara hasta que tropieza con la estantería, con tal fuerza que esta cae hacia atrás, desparramando todo su contenido en revistas, chicherías y refrescos.

En ese momento, el otro empleado levanta la vista del bloc de notas donde estaba apuntando los consumibles que se tenían que reponer y que lo tenían completamente distraído y ajeno a la espantosa escena que tenía lugar a pocos metros de él. Se queda observando a la aterrada muchacha, que está de espaldas, tumbada en el suelo y al pie de la caida estantería y que, al no poder avanzar más, empieza a gimotear y a llorar. Sus lagrimas caen por su asustada faz....

-Clara, pero que demonios pasa...

En ese momento el empleado se calla al ver la cara (o ausencia de ella) del motero y un ápice de miedo se vislumbra en sus ojos oscuros. Incrédulo observa como el gigantón se agacha, coge a la muchacha del cuello con su mano derecha enguantada y la levanta como si no pesara nada. La iza hasta que los ojos de ambos estan a la misma altura, sus piernas colgando y los zapatos cayendosele al suelo. La chica se ahoga pues el hombre oprime con fuerza su delicado cuello pero ella ni se entera, pues su mirada sigue perdida en los ojos de él, y lo que esta viendo dentro de ellos es el infierno. Clara pierde la razón, su mente deja de pensar, de sentir, de estar en este mundo...está dentro de ese infierno de fuego y terror. Su alma cae dentro de ese paisaje de pesadilla.

El cuerpo que sujeta el motero no es más que una carcasa animal carente de raciocinio, un ser que trata de respirar y que se mueve mecánicamente, pero que ha perdido la razón, la vida, el alma. Él, levanta su mano izquierda, a la altura del pecho de ella, el guante que la recubre, que parece de cuero, retrocede como si estuviera hecho de brea, dejando una mano humana y bien formada al descubierto. Es una mano fuerte y poderosa que termina en unas uñas que parecen garras, afiladas y peligrosas, como letales cuchillos.

Sin mediar palabra el motero hunde la mano en el pecho de la joven ante la atonita mirada del otro empleado y la deja allí, ensartada. La sangre mana a borbotones de la herida de la mujer y cae al suelo en una cascada carmesí, como si esta tambien intentara huir de la presencia del motero. Mientras el cuerpo de la joven empieza a irradiar una luz, que se extiende hasta el brazo del asesino. A medida que la luz fluye desde el cuerpo de la empleada hasta el brazo del individuo, el cuerpo de ella empieza a descomponerse, primero la piel se va desintegrando, para dejar entrever los musculos y tendones que hay debajo; inmediatamente estos, al igual que el esqueleto, corren la misma suerte y dejan paso a los órganos vitales que finalmente terminan por desintegrarse y caer al suelo en una fina lluvia de polvo, que se mezcla con la sangre caida.

Ahora solo queda el motero con el brazo extendido al aire, brillandole como si fuera una bombilla incandescente. De la joven solo queda un charco de sangre en el suelo y nada más. De repente un estampido atronador resuena dentro del recinto y el individuo sale despedido hacia atrás varios metros, estampándose contra la pared de la tienda, como si un inmenso puño le hubiera golpeado en el pecho. El "puño en cuestión no son mas que los balines del cartucho disparado por el asustado dependiente como atestigua mudamente el humo que sale de uno de los dos cañones de la escopeta que lleva en sus brazos y que apunta a donde estaba el gigantón.

-Hijo de perra. Espero que ardas en los infiernos...

La respiración del empleado es entrecortada y su furia se mezcla con el terror que ha sufrido por el espectaculo dantesco que ha presenciado. Lentamente y sin bajar el arma, se acerca a donde yace el cuerpo sin vida del motero, con un agujero enorme en su pecho, fruto del disparo y que parece una muñeca de trapo. Cuando está a menos de un metro del cuerpo inerte del individuo y se va mostrando mas confiado, baja el cañon del arma.

-Donde esta Clara desgraciado? Pero que has hecho con ella? Me he vuelto loco o es el puto cansancio de mierda de tantas horas en esta gasolinera de mierda o que?

Afuera resuena la lluvia, que golpea con fuerza el techo de la estación y que se mezcla con una voz de ultratumba que dice:

-Quieres saber donde esta la chica? No te preocupes que en seguida lo averiguaras...

De repente el boquete en el pecho se cierra poco a poco mientras el cuerpo empieza a adquirir vida y se levanta trabajosamente. La altura del gigantón hace que el empleado parezca un niño, un niño aterrorizado que deja caer el arma al suelo, presa de un ataque de pánico. El motero levanta su mano derecha y la hunde en el pecho del hombre y con esa voz de ultratumba dice:

-Lo siento, aun no era vuestra hora pero son mis primeras vacaciones en mil años, y pienso aprovecharlas. Y mi moto necesita combustible...

El cuerpo del hombre corre la misma suerte y de deshace, convertido en polvo y sangre. Ahora los dos brazos del individuo brillan con un fuego cegador. Sale de la estación y se acerca a su moto, que sigue donde la dejó. Posa sus manos brillantes sobre ella y la luz ilumina a la moto, que empieza a rugir con fuerza, satisfecha. La aguja del indicador de combustible, que estaba a mínimo, se mueve hasta llegar a la mitad del recorrido.

-Con esto bastara para llegar a mi destino. Mis merecidas vacaciones.

Entra un momento dentro de la tienda a recoger el casco, caido al lado del charcho de sangre, sus ojos se posan unos segundos en los restos de sus dos victimas, se lo coloca y sale de nuevo a la lluvia y se monta en la moto, que lo espera ansiosa e impaciente por correr.

El angel de la muerte, subido en su moto por fin, acelera y abandona la gasolinera. Curiosamente, en muchos kilometros a la redonda nadie ha muerto esa noche, como si la muerte se hubiera tomado unas vacaciones, solo esos dos pobres desgraciados...

FIN

Espero que os haya gustado mi pesadilla. Habrá más. La próxima se llamará La armadura maldita. Que pasa en una comunidad de vecinos cuando uno muere sin que los otros le ayuden? Y si ese alma vuelve para vengarse?
Podreis dormir? Cuidado con mis pesadillas...o las vuestras.

Saludos mis aprendic@s

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